Anidando: 4
Miriam R. Sachs Martin
Algo que he notado al eseñarle íngles a adultos, es que me encuentro tratando con el lenguaje en nuevas maneras; gozando íntimidades que no había previamente conocido. Tengo que realizar todo físicamente, para que se impriman palabras en mi cuerpo: como feliz es lo mismo que alegre, pero diferente que triste. Tengo que pensar en diferencias finítas que no habia previamente articulado. Hoy una alumna me preguntó Cuál es la diferencia entre esperanza y deseo? Cuál ES la diferencia? Esperanza es menos fundada, menos probable. Bueno, entonces cuándo se dice esperanza, cuándo se dice deseo, y cuando utilizamos sueño? Trato de contestar bien, pero hay un poema en todo eso. En mi primera clase del día, ejecutando ella me dió los dulces A MI, y yo SE LOS di A EL. Pronombres. Una canción, si tu quieres, si sabes como escuchar. Me niego a prender el aire acondicionado, y nos reímos, y nos aburrimos, y nos abanicamos con las manos. Me pongo fastidiada, ellos coquetéan uno con el otro sin cesar, yo trato una y otra vez de ocuparlos, de ganar su entendimiento, de crear ese encaje. Hay un poema en esto, como hay un poema en los pulmones que se dilatan y se contraen con cada respiración.
Está super caliente y mi complejo de condominios huele al perfume de las diferentes flores y árboles y hojas. Muchas de las luces de afuera se han fundido y el calor ha arrastrado la gente fuera de sus apartamentos ordenaditos, para sentarse en sus sillas y fumar, como gente real, hablar en diferentes idiomas, vagar por la noche con sus hijos. Ventanas abiertas liberan a olores de comidas que yo no se cocinar y a un balbucéo de idiomas que no puedo hablar ni entender. Estos llevan a flote el calor perfumado de azahares y jasmín. Al fin está comenzando a sentirse como un lugar que puedo llamar mi hogar. Quizas me sentaré en la yarda mañana a desvainar chícharos para sopa, quitarme mi ropa profesional y ponerme una camiseta; comportarme como si realmente viviera aquí.
Estoy saliendo a correr todos los díascinco minutos o diez; son cinco o diez minutos más de los que corrí el mes pasado, o, hasta, en los años pasados. Mi cuerpo lo adora, se siente tan agradecido, me pide más y un poquito más. Yo le hago caso y corro, no solamente por correr, sino como una meditación, cada paso sembrando una flor en la tierra, cada respiro de aire caliente un poema.

